No escribe poesía,
pero va todos los días
con un cabreo monumental
con la vida, con el frutero,
con el pan blanco.
Viste como siempre,
pantalón de chándal,
camisa lisa celeste de manga corta
y unas playeras negras.
Hoy era día de paga,
bajó a la frutería
a pagar lo que debía.
Leopoldo vive.
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